miércoles, 16 de julio de 2025

SURCOS EN LA PIEL.

 

SURCOS EN LA PIEL.

-En lo alto del cerro en el Pueblo de las Lajas, Nariño. Colombia.  Un día cualquiera del mes de Junio del 2017-

Y de pronto se apareció ese señor de edad avanzada con rasgos totalmente indígenas. En su frente llevaba tatuados los surcos de la tierra que había trabajado durante toda su vida. Llevaba tres vacas amarradas a él y un becerrito que los venía siguiendo.

Ana la señora del pueblo con la que hablábamos sobre la calma y belleza del lugar lo saludo. Él le respondió en su dialecto; a mí nunca respondió el  saludo pero cuando hicimos contacto visual pude apreciar en su mirada toda una historia de vida. Un cuento de una historia, de trabajo, de tierra y de sobrevivencia. El señor se quedó atrás yo solo lo volví a ver cuándo frene unos instantes a tomar aire y  a hablar con otra señora del pueblo que estaba cuidando a su nieta.  Allí vi como el señor dejo su ganado,  se quitó su sombrero para limpiarse el sudor y se metió en su casa de adobe. Después de unos minutos salió con el sombrero arria de la cabeza, jalaba con una soga a un caballito mientras que  un perrito que les daba vueltas. Mientras conversaba con la señora el señor nos pasó en la subida sin siquiera notar nuestra presencia  como si fuéramos unos fantasmas, o como si él o sus animales lo fueran.

 

 

IGLESIA DE LAS LAJAS, IPEALES, NARIÑO, COLOMBIA.

 

IGLESIA DE LAS LAJAS, IPEALES, NARIÑO, COLOMBIA.

Este es un santuario a la vida. Santuario natural. Santuario religioso. Santuario de amor.

El verde de las montañas el canto de las aves. La virgen de las lajas. Los pinos la cascada. Lo neo gótico. Las esculturas. La combinación de gris y blanco de una iglesia construida con cimientos divinos. La calma de las nubes en el cielo hace que los pajaritos canten salmos celestiales.

Lugar de paz.

Cascada que forma imágenes religiosas en su caída, aparecen milagros cuando el agua rebota contra las rocas. La cara de Jesús escondida entre el agua y la montaña.

Enredaderas hechas de las manos de dios con colores de Flores de amor. Giros visuales que forman vitrales caleidoscópicos. Pupilas de dios.

Ángeles guardianes que tocan instrumentos musicales.Arcos inmensos que traslucen varios tonos de verde formados por los árboles y las plantas, canaletas de agua en medio de la construcción y un puente majestuoso. Todo en conjunto sostiene está ofrenda de Dios.

Virgen de las lajas recostada en la piedra, todas las noches sueña con ver lo que hay afuera. Toma la mano de Dios y juntos juegan a soñar, a cantar,  a mover el cauce del río con rezos poderosos y con almas generosas. Santuario de las Lajas.

15 de Junio, 2017-

lunes, 30 de junio de 2025

extra: Somos lo que somos.

 

Somos lo que somos.

No somos mochileros, ni hippies, ni viajeros, aunque algo de locura si que tenemos.

No es que no queramos trabajar, ni pensar en el futuro, ni que nos valga madre el dinero, ni las cosas materiales; es simple, ¡eso es!: vivir simple, disfrutar el momento, conocer el mundo porque si no para que está allí frente a nosotros; es hacer cientos de amigos, es dejar sembrada una semilla en cada campo que uno visite, es disfrutar el presente, y nunca dejar de soñar en un futuro mejor.

Somos así porque aspiramos a la felicidad, porque nos encanta que la vida nos sorprenda con paisajes hermosos, con estrellas fugaces, con lunas hermosas, con aves, con peces, con millones de mariposas volando, con cielos de colores, con frío o con calor, con amigos y con familia que nunca imaginamos tener. Somos así porque sabemos que hay que abrir las manos y mirar al cielo para poder sentir la magia del universo.

Somos así para darle sentido a nuestra muerte, para hacernos cómplices del destino, para atraer a la suerte y convertirla en un pequeño amuleto que quepa en nuestra mirada. Nos encanta abrir el corazón para dar y recibir. Ser así,es caminar y recorrer mundos para luego volver al camino y seguir andando, porque los caminos de la vida son para recorrerlos, para desquitar que tenemos dos pies, para aprender a valorar lo que sentimos, para que nuestra alma se purifique y aprenda a volar, incluso cuando nuestros cuerpos ya no estén.

Somos gente simple, gente que no necesita de mucho: un buen plato de comida hecha con amor, un lugar para descansar, una mente tranquila para meditar, y unas suelas de zapato para que no, se nos desgasten los sueños.

Eso somos, gente en busca de sentido.

*EXTRA Pueblos Mágicos.

 

Pueblos Mágicos.

 

Hay pueblos coloniales que son mágicos, San Cristóbal,  Tulum, Valle de Bravo,  Lacanjá, Xilitla, Antigua, León, Granada, Casco Antiguo, Cartagena, Guatapé, Salento, Villa de Leyva, Popayán,  Otavalo, Misahualli, Vilcabamba, Huanchaco, Cusco, Copacabana, Sucre, Potosí, Xavi,Maimará, Purmamarca, Paraty, Isla Grande, Playa Sono, Colonia del Sacramento, Puerto Natales, Chaltén, Puerto Tranquilo, Futaleufú; Ancud, Castro,  Dalcahue, (Isla de Chiloé), Choroní, Coro, estos son algunos que se me vienen a la mente, tengo la dicha de poder decir que conozco todos esos y unos cuantos que se me escaparon al recordar. Estos pueblos son mágicos porque tienen una vibra tranquila, porque están rodeados de naturaleza, porque tienen historia, porque la arquitectura es peculiar y hermosa, porque la gente en ellos vive en un ritmo más lento, y en especial porque es muy fácil sentir paz al admirar estos lugares.

Hoy estando en uno de mis pueblos mágicos favoritos de Colombia, Popayán, hago un recuento de estos pueblos y aprovecho para contarles sobre estos momentos que estoy viviendo en este pueblo (ciudad) donde yo en mis dos estancias me he sentido plenamente conectado.

Volver a un lugar así, y más a un lugar donde estuve casi quince días, el cual dominamos en aquella ocasión y donde la gente nos ayudó a pasar una experiencia muy amena, fue una delicia. Desde que mis pies comenzaron a recorrer las calles blancas empedradas, volví a sentir esa paz de los pueblos mágicos. El volver a esa plaza que tantas alegrías nos dio, el volver a ese lugar que hace tres años fue un lugar mágico para mí, claro que me dio mucho gusto. Caminar tranquilamente por las noches, comprar una oblea, o un granizado, volver a ir a comer rico y barato al mercado. Pero algo muy especial fue el poder ver la luna de nueva cuenta en estas tierras, y subir al morro de Tulcán a ver como el sol pintaba el cielo en un hermoso atardecer que cualquiera desearía eternizar en la parte interna de los parpados.

 

 

Luna Roja en la ciudad blanca.

*extra : LOS COLORES DE COLOMBIA I y II

LOS COLORES DE COLOMBIA


Colombia es colores,

Colores intensos

Que saltan a la vista.

El verde de sus montañas

El color de sus cielos.

Los atardeceres,

Los cafetales,

Tonos de piel por doquier,

Colibríes,

 

El canto colorido

de la infinidad de aves multicolores.

 

LOS COLORES DE COLOMBIA II

Nubes de colores,

El color de las constelaciones bailando al parejo de una luna sonriente, el color del polen que finamente cae cuando las abejas disfrutan del banquete de sumergirse a comer dentro de una flor amarilla, luego una blanca y luego miles más.

Los multiples colores individuales de cada una de las distintas partes del cuerpo de los miles de colibrís que ferozmente mueven sus alas para levantarse erguidos en ese campo cafetalero.

Todos los tonos que  uno encuentra de platanos, y bananos, ese color que uno puede saborear al pasar por el paladar.

Colores de flores que todos los días emergen frescamente de sus tallos.

 


RANCHO ALEGRE.

 

RANCHO ALEGRE.

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amo la vida”. (Canción interpretada por Mercedes Sosa,Compositores: Julio Cesar Isella / Armando Tejada Gomez.)

 

Rancho Alegre o la Finca como se le conoce normalmente, es un lugar lleno de magia que hace que las personas que la visitan siempre digan algo bonito; durante mis visitas me he dedicado a recolectar algunas opiniones, entre ellas algunas mías, que a continuación les quiero presentar.

 

·         Es mágico este lugar.

·         Un buen lugar para morir.

·         Simplemente, es el paraíso.

·         Es perfecto.

·         Este lugar tiene la energía de todos los Van Den Enden, y de todas las personas que pasan por aquí y siembran una semilla de amistad.

·         En esta finca plantas, flores, insectos, humanos, animales, todos son felices.

·         La finca de los Van Den Enden es un lujo, y para ser honestos un lujo sin tantos lujos, solo lo necesario para ser feliz.

·         Que perfección de lugar.

·         Por algo se llama “Rancho Alegre”.

·         “Es tan perfecto que asusta, porque la felicidad nunca fue justa.” (Frase de Callejeros)

·         Dejar un lugar que uno quiere es difícil, pero despedirte del paraíso, eso sí que cuesta demasiado.

·         La paz que se siente en la finca emerge de las flores, del canto de las aves, de la brisa del viento, de la energía de quienes han pasado por allí, del pico de los colibrís, de los colores del paisaje, de la comida y sobre todo del trago. La finca es una fuente inagotable de paz.

 

Deseo con toda mi alma volver a ese lugar para seguir escuchando más opiniones y para seguir disfrutando de lo que yo llamo, El Paraíso.

Con mucho cariño y eternamente agradecido, les mando un  caluroso abrazo.

*extra: Hay que llorar.

 

Hay que llorar.


Hay que llorar.

Llora de la impotencia.

Llanto de saber que cometiste un error.

Llora como lo hace la lluvia,

Llora por dentro,

Llora como si en tu primer cumpleaños,

Tus padres te golpearan.

Llueve por dentro, en el interior,

Llanto que hay que canalizar en amor,

Por que hay tanta gente que te quiere,

En algún u otro planeta.

Llora,

Sollozando que nadie se de cuenta que estas triste,

Que nadie se decuenta que hoy es 7 de enero,

El día de tu cumpleaños.


2019.

 

 

*cuento: “El dueño del mirador.”

 

“El dueño del mirador.”

-Yo soy el dueño de este mirador- dijo el humilde viejo. -No se les ve el fin a las montañas, ni las nubes conocen donde terminan mis terrenos. Las casas, la gente, el bosque, el río, las palmeras, los animales, las aves, los insectos, los colibrís, hasta los sueños de todo lo que ve frente a usted me pertenecen.

A todo esto, yo pregunte, -¿y quién es usted, debe ser alguien muy importante?

A lo que el viejo volteo y me sonrió: -Usted ya sabe quién soy.

Y si en efecto yo ya lo sabía, sonreí de vuelta y le dije –pues sí que usted es alguien importante, y debe ser muy rico si todo esto que esta frente a mis ojos usted lo considera como suyo.

El viejo solamente dio las gracias y me sonrío, para seguir subiendo por la montaña.

 

Salento, Colombia. Enero 2019.

*extra: AMOR CAFETALERO.

 

AMOR CAFETALERO.

Montañas interminables de verdes paisajes, que son el escenario perfecto del amor.

Del amor de esos dos colibrís que pasan volando, o mejor dicho bailando, diciéndose cosas lindas al compás de la música del amor que nace de la seriedad con la que las aves vuelan en este lugar.

Los colibrís pierden sus verdes cuerpos camuflados con los infinitos tonos de verde con que cuenta el paisaje, se pierden en sus propios cuerpos, pero en el ambiente se respira aire puro. Aire puro de un amor infinito para con la naturaleza, y recíprocamente, de la naturaleza para con el amor.


Enero 2019.

*extra: 35.

 35 CUMPLIDOS

En el cumpleaños treinta y cinco hay que llorar,

 y reír,

yo ya lloré,

toca reír,

y luego volver a llorar,

 y así sucesivamente.

Introspección.

Reflexión.

 

7/1/2019.

domingo, 27 de diciembre de 2015

44. ULTIMO DIA EN COLOMBIA.



ULTIMO DIA EN COLOMBIA.
*Extraído del diario
Jueves 17 de Diciembre,
Un día inolvidable. Visita al Santuario de las Lajas.
Nos despertamos con algo de presión por  que ya solamente nos quedaba muy poco dinero colombiano y por ver cómo le íbamos a hacer para nuestros últimos momentos en Colombia, y yo todavía algo preocupado, pero las cosas solo hay que dejarlas que sucedan.
Luis salió a ver el hotel que le iban a dejar a 20 mil pero regreso y dijo que nos quedábamos en el mismo, así que yo me metí a bañar  y el salió a trabajar, cuando lo alcance había sacado ya un poco y dijo que fuéramos a desayunar, caminamos al restaurante que habíamos ido un día anterior pero no tenían almuerzos todavía, así que terminamos comiéndonos  un par de empanadas, un dedo de queso y un buñuelo. Luego regresamos al hotel y Luis dijo que nos fuéramos de una a Las Lajas, tomamos un bus que nos cobró mil pesos por persona y de allí caminamos una media hora más, desde que íbamos en el bus, el pueblo comenzó a tomar personalidad con casas coloridas pintadas con arte distinto cada una, y una escultura indígena llena de colores, algo parecidos a los de los alebrijes en Oaxaca, pero en cuanto nos bajamos y comenzamos a caminar el paisaje de la naturaleza comenzó a impresionar con unos tonos de verdes que yo sigo describiendo como colombianos, y con unas casas y unos pueblos de campesinos de la zona, algunos con vestimenta indígena, para mí en algún momento se me hizo como si estuviera en una época del pasado.  En algún punto llegamos a un pueblito donde Luis se puso a platicar con una señora, y luego comenzamos a bajar y yo me quede atrás y en eso una señora me vendió una vela, me hizo un descuento yo le explique que solo tenía 250 pesos pero que era para una causa especial pues la quería prender en honor a Lupita mi prima. Cuando continúe bajando me encontré con un gran número de placas para agradecer los milagros de la virgen de las Lajas, y sobre el camino el panorama comenzó  a ser muy dadivoso con nosotros, en las escaleras hacia el desfiladero en algún momento me detuve, y de un lado vi el río correr, al fondo de los cerros estaba una inmensa cascada y de este lado del río, justamente debajo de las escaleras estaba una iglesia imponente con un estilo gótico, montada sobre un puente majestuoso. Allí entramos a la iglesia donde pude ponerme a orar con mucha devoción por varios motivos, uno de ellos el fallecimiento de Lupita, para luego salir a seguir admirando la naturaleza, el puente es altísimo y del otro lado hay una capilla muy al estilo de Chiapas, donde la gente prende velas y que esta toda llena de humo negro, sobre el puente y sobre la iglesia hay unas figuras blancas de ángeles bastante hermosas. Yo le dije  a Luis que fuéramos a prender la vela a esa capillita, batalle un poco para prenderla pues hacía algo de viento. Posteriormente comenzamos a bajar para alcanzar a apreciar los puentes y la iglesia desde otra perspectiva, en algún punto bajamos hasta el río, y luego fuimos a la cascada. Ya habíamos regresado arriba y estábamos dando la última vuelta cuando vimos que había otro camino que bordeaba el río, así que decidimos volver a bajar allí había un par de esculturas arqueológicas y luego podías seguir caminando hasta una gran piedra al borde del río, Luis y yo hicimos el recorrido hasta donde se podía y luego regresamos; al regreso justamente donde estaban las esculturas había dos jóvenes tomándose una foto, y uno de ellos nos preguntó que si estábamos mochileando, le dijimos que sí y comenzamos a platicar, a final de cuentas, y después de habernos despedido varias veces, terminamos regresándonos juntos, ellos eran Esteven y Wilman, dos jóvenes de Bogotá que decidieron tomar sus maletas y subirse a sus bicicletas con la idea de recorrer Sudamérica. A final de cuentas conseguimos usar el viejo truco de pedir aventón o pedir dedo como le dicen por acá, y nos dejaron a la entrada del pueblo. Allí las casas tenían un estilo propio y colorido, con arte prehispánico, y pudimos incluso tomar foto de la estatua colorida que habíamos visto en la ida, y encontrarnos con varios murales callejeros. Íbamos los cuatro caminando para entrar al pueblo cuando comenzamos a preguntar por el precio de los almuerzos hasta que se nos aparecieron unos asadores donde tenían unos animales bastante extraños y peculiares, los cuys, comenzamos a preguntar solo por curiosidad  qué eran y cuánto costaban, hasta que el señor termino por aceptar que le diéramos 20 mil por un cuy y que él nos daba muchas papas para que llenáramos, en algún punto le insinuamos que si nos incluía algún tipo de sopa, pero dijo que no, comenzó a preguntar que de donde veníamos y al final termino por regalarnos también un consomé de pollo y una gaseosa, finalmente el cuy sabía cómo a pollo y lo doradito a mí me supo un poco al cabrito que se come en el norte de México, pero al final quedamos satisfechos, no muy llenos pero satisfechos, así que seguimos nuestro camino hasta la plaza de San Felipe en el mero centro del pueblo fronterizo de Ipeales, una vez allí llego el momento de despedirnos de este par de colombianos aventureros. Por la tarde Luis y yo fuimos a descansar un poco al hotel para luego salir a trabajar un rato, nuestro objetivo era solamente obtener lo de la cena, no sabíamos cuánto tiempo nos iba a tomar juntar la plata para irnos a comprar algo, pero en la primer vuelta conocimos a una pareja de novios Ipealeños, Andrés y Alicia, ellos nos apoyaron y comenzamos a platicar, él nos dijo que lo acompañáramos hasta la esquina, estuvimos platicando un rato y luego nos despedimos, cuando íbamos a cruzar la calle nos entretuvo un vendedor de inciensos que nos estaba presentando a su esposa, cuando llego Andrés y nos dijo que querían invitarnos a cenar, así que nos llevaron a probar unos burritos mexicanos a un restaurante que se llamaba Pinche Burro, tuvimos una cena muy rica con una conversación muy amena, ellos dos son unas excelentes y agradables personas. Finalmente fuimos a un centro comercial y nos regresamos al hotel, en el regreso conocimos a unos jóvenes en el parque que nos regalaron una bebida que dizque un tequila artesanal de acá, pero estaba bueno pues era un trago calientito, nos despedimos de ellos y luego entramos al hotel. Yo salí a fumarme un cigarrillo al balcón del hotel, estaba mandando unos mensajes en el celular cuando salió Tom, un inglés que viene viajando por Colombia y que también va para Ecuador, y quien al siguiente día iría a las Lajas, la verdad le dije que le iba a gustar pues después del día que nosotros tuvimos no creo que a alguien no le cambien la suerte tanto como a nosotros.

Escroto por David Herrera González.

43. COLOMBIA, NO TE ACABES NUNCA.



COLOMBIA, NO TE ACABES NUNCA.


Lo único peligroso de este lugar es que no te vas a querer ir.


Colombia represento la primera parada en el sur de nuestro continente, el plan original era estar un mes y medio, pero a final de cuentas las cosas se dieron  tan bien que nos amañamos como dicen por acá,  hubo tantos momentos en que la emoción hizo que la piel se me pusiera de gallina  y otros donde sentía que estaba aprovechando el tiempo al máximo, al final de cuentas la estancia se prolongó por casi dos meses y medio,  y eso que solo conocí una pequeña parte del país.

La entrada a Medellín el 5 de Octubre fue algo incierta pues represento una experiencia diferente, hacía tiempo que no estaba en una ciudad tan grande, pues en nuestro paso por Centroamérica las proporciones de las ciudades son más pequeñas, pero Medallo fue un lugar que me sorprendió con su modernidad, con su estilo, su arte y su historia reciente, un lugar donde los paisas son muy amables tanto así que un día conocí a un parcero (amigo) que me invito al estadio para disfrutar de un partido del Deportivo Independiente de Medellín, también fue bueno que estuvimos en un hostal donde conocí gente de varias partes del mundo, incluyendo algunos colombianos. El siguiente punto que conocí fue  Guatapé un pequeño pueblo colombiano lleno de color y de arte que me hizo pensar que los pueblos coloridos en mi natal México, se quedaban cortos; y que además contaba con una vista hermosa de la represa con unos tonos increíbles en el azul del agua y unas infinitas montañas,  cuando estaba sentados admirando esa imagen sentí una paz increíble. 

 

El siguiente punto a conocer fue el eje cafetero, primero estuve en Manizales donde nos recibieron unos días en una zona por el centro de la ciudad  donde pude conocer la bonita catedral y la plaza central con una escultura impactante del Cóndor de Bolívar; posteriormente tuvimos la increíble oportunidad de conocer la finca de los Vandenenden un lugar que debe ser muy semejante al paraíso, donde yo me quedaba viendo el horizonte y con eso era feliz, no necesitaba más, un lugar donde la alberca, el jacuzzi, y en especial la compañía, las historias, las pláticas y las risas combinadas con el ron y las cervezas eran demasiado, pero demasiado de lo bueno. Para continuar la ruta cafetera fuimos a conocer Armenia, de allí a  conocer el valle del Cocóra, donde el paisaje era hermoso con unas palmeras gigantes de más de 60 metros de altura, donde después de una larga caminata en la naturaleza pudimos disfrutar de una muy amena tarde noche en el distintivo pueblo de Salento.









El siguiente capítulo colombiano represento llegar a la capital Bogotá, que fue para mí una experiencia única,  tal vez ha sido la mayor cantidad de tiempo que yo paso en una ciudad tan grande. Desde nuestra llegada fuimos recibidos en un ambiente que a mí me recordaba mis años de estudiante en la universidad, con gente joven de varios lados del mundo, desde colombianos hasta europeos. Allí conocí el antiguo barrio de la Candelaria que está lleno de museos y de historias, el cual paso a ser parte fundamental de mi ruta en la capital, también tuve la oportunidad de conocer la Universidad Nacional con toda la personalidad que la caracteriza, algunos barrios no muy turísticos pero por demás interesantes donde el parecido con México me resultaba increíble; en todos los lados que visite pude conocer parques y plazas de todos los estilos, y finalmente la naturaleza que rodea una urbe como esta con su bosque inmenso en el mirador de la Caldera  y con el Santuario de Monserrate, donde la vista de la ciudad por un lado contrasta de manera impresionante con la vista de la naturaleza por el otro. Mientras estuve en Bogotá se presentó la oportunidad de  ir muy bien acompañado a conocer un par de pueblos cercanos a la capital, uno de ellos fue Suesca con sus hermosas paredes naturales, donde la gente va a escalar y donde los cerros tienen una especie de musgo o heno que pareciera formar barbas en los cerros; el otro pueblo fue el famoso Villa de Leyva con su enorme plaza empedrada y donde pudimos hacer una bella caminata en la naturaleza hasta llegar a sus pozos azules.
 
La última parte del viaje en Colombia fue ya encaminado a salir hacia Ecuador,  en ese sur colombiano tan étnico y tan puro. Mi primera parada fue en San Agustín un lugar tan lleno de energía, donde la majestuosa naturaleza se combina con las zonas arqueológicas; me impactaron las esculturas ancestrales, así como el mirador de la Chaquira desde donde se veían varias cascadas y el largo recorrido del río Magdalena, también el estrecho del río donde dicho afluente de agua, el más importante de Colombia, da una vuelta en su recorrido en un espacio de un par de metros de anchura. Posteriormente la ruta me llevo a Popayán (la ciudad blanca) donde el plan era conocerlo en un día para luego seguir adelante pero donde nos terminamos quedando por quince días, su estilo colonial combinado con la amabilidad de su gente y el movimiento cultural fomentado por otros viajeros, nos terminó atrapando. Finalmente el último punto en el mapa colombiano fue la ciudad de Ipeales que de primera impresión parecía una ciudad fronteriza con todo lo obscuro que caracteriza a ese tipo de ciudades, pero que el segundo día cuando pude ir a conocer el Santuario de las Lajas cambió mi perspectiva de una grata manera. Para llegar a la Iglesia de la Virgen de las Lajas tienes que tomar un camino donde la naturaleza es asombrosa con una gran cantidad de matices de ese color verde, que yo sigo definiendo como verde colombiano, con llamas recostadas al lado del camino, y con un pueblo por demás mágico antes de llegar al Santuario. La iglesia de las Lajas está construida en un desfiladero, una mega construcción de estilo gótico que te hace pensar que estas en Europa, pero que no termina en eso, sino que la naturaleza que la rodea es perfecta, con un río pasando por debajo de la iglesia y con una enorme cascada en el fondo de la postal.  Para cuando regresamos a Ipeales conocimos otra parte del pueblo mucho más colorida, con ese estilo mágico que todos los pueblos colombianos tienen, allí en compañía de unos amigos colombianos pudimos degustar del platillo más extraño que comimos en Colombia el “Cuy” (cabe mencionar que la comida colombiana nos trató muy bien, aunque en lo personal un poco más de picante  le vendría bien), finalmente la última noche en Colombia todavía fuimos afortunados al ser invitados a comer unos burritos mexicanos por una linda pareja colombiana.




El 18 de diciembre en la frontera de Rumichaca con Ecuador, cuando iba cruzando el puente y observando el río cobijado por esas enormes montañas verdes, mis ojos se llenaron de nostalgia, de una nostalgia pura al dejar de lado un cumulo de experiencias que nunca voy a olvidar, aunque esa nostalgia se combinó con un sentimiento de emoción  al pensar que estaba entrando a un nuevo mundo llamado Ecuador.
Gracias Colombia, y en especial gracias a todas la gente, colombianos y no colombianos que nos brindaron su hospitalidad y nos hicieron sentir como en casa. Algún día he de volver a tomarme un café; comerme unas arepas, un sancocho o unas empanadas; y a pegarme una rumba con ron o aguardiente.

Gracias a la gente que hizo esta experiencia tan rica:
En Medellín, Kevin, Whitney, el parcero Julian, Hector, Hector del DIM,  Mauricio, Marcelo y Vivi.
En Manizales, Andrés, Jaime y Rocío, Piola, Lily, los Malagor, Mauro y Edward, John, Claudia Velez, Claudia Castañeda.
En Armenia, Martha.
En Salento, Felipe, Andrés.
En Bogotá, Roberta, Mafer, Jair, Louise, Iso, Nathaly, Sebas, Ale, Yohana, La Flechas, el rencuentro con el viejo David, Fabián, Rodrigo, el rencuentro con Sandra y Andrea.
En San Agustin, Roberta, Blanca y Jorge, David.
En Popayan, los Patafunks, los Marionetas Nomades, Juan, Don Jose,  Shirley, Fredy , Paty, Danna, Gabo y sus amigos.
En Ipeales, los parceros Wilman y Esteven, Andres y Alicia.

Escrito por David Herrera González.

23 de Diciembre de  2015.